El color en el interiorismo y los niños con síndrome de Down, de Fausto Aguirre

Edición:
Décimo Cuarta Edición Octubre 2014
Actualizado: Wednesday, November 12, 2014 - 21:58
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RESEÑA DE LIBRO

Resumen

 

El presente texto constituye una reseña bibliográfica de El color en el interiorismo y los niños con síndrome de Down, del MDH. Fausto Aguirre Escárcega, publicado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, (México) en 2013. Investigación que aborda el diseño de diferentes estrategias sobre cómo componer cromática y lumínicamente espacios habitacionales para niños con necesidades especiales más allá de preferencias estéticas o modas. El autor partió del análisis de diferentes aportaciones en el campo de la psicología clínica infantil, psicología del color y colorimetría en general, contando con el apoyo de la organización civil Villa Íntegra y del grupo de psicoterapeutas Márquez Jurado, para llevar a cabo diferentes estudios de caso.

 

Palabras clave: Color, interiorismo, síndrome de Down (SD), trisomía 21, psicología del color y del espacio.

 

Este libro nació de las manos del MDH Fausto Aguirre Escárcega,[1] con el objetivo de ayudar a las familias con niños trisómicos[2] a mejorar la calidad de vida de sus hijos a través del interiorismo. Aguirre partió del supuesto de que la correcta aplicación del color dentro de las habitaciones de estos niños resultaría benéfico, ya que a través de él podemos crear ambientes funcionales a la par que dinámicos. Espacios habitacionales personificados, es decir, que reflejen la personalidad del mismo niño o niña, pero que también pudieran ofrecer a nuestros hijos, con o sin síndrome de Down, un equilibrio entre lo emocional, lo lúdico, lo estimulante y lo relajante; no olvidemos que en las habitaciones no sólo se duerme, también jugamos, descansamos, pensamos, hablamos, etc.

 

A lo largo del libro, se plantean tres grandes bloques de interés; en primer lugar, Aguirre aborda el tema de la teoría del color para explicarnos la complejidad que circunda a este tema, puesto que el color es invariablemente pigmento, luz, sensación, información.

 

Uno de los principios fundamentales de la teoría del color contemporánea que revisa el especialista es que la percepción del color no es homogénea a todos los seres humanos, pues ésta es finalmente una impresión, una sensación (Küppers: 1992:9). Ni todos vemos igual, ni a todos nos afecta de igual forma el color. A priori, contamos con influencias culturales o vivenciales, inclusive, a nivel fisiológico, dependemos de la calidad de nuestro sistema perceptual, ya que entre diferentes sujetos pueden presentarse grandes desigualdades a nivel de agudeza visual o respecto a la naturaleza constitutiva del sistema retiniano de cada individuo.[3] Asimismo, tal y como Aguirre explica en su libro, los colores tienen el poder de conducir a los niños a ciertos patrones de conducta; el rojo les incita al movimiento rápido, el naranja fomenta en ellos la actividad constante, el rosa favorece el apetito, el amarillo es estimulante e ideal para generar estados de concentración (si los tonos utilizados son los correctos), mientras que los azules y los verdes, son los que propician el descanso y la relajación.[4] 

 

A su vez, dentro del ámbito del diseño de interiores, Fausto Aguirre hace un recorrido historiográfico sobre estilos cromáticos, nos explica cuáles son las composiciones armónicas y las de contraste más relevantes. Cómo hay que utilizar el color según la orientación de una habitación, cómo distribuir los colores según la altura y extensión de los espacios, cómo los colores mutan conforme al uso de diferentes tipos de iluminación artificial, cómo se influencian unos colores a otros según su grado de refracción, etcétera.

 

En definitiva, Fausto nos hace ver que por medio del color, podemos crear diferentes tipos de atmósfera, estilo e inclusive, crear ilusiones ópticas.

 

Posteriormente, Aguirre nos introduce en el tema de los niños con síndrome de Down, explicando cuestiones básicas sobre rasgos fenotípicos, es decir, características físicas y otros temas de interés relativos a su mapa genético, al que se suman algunos padecimientos como estrabismo, cataratas, hiperactividad, autismo, hipotiroidismo, obesidad o neumonía, entre otros. Esta introducción la utiliza para apoyarse para la formulación de cierto tipo de preguntas de interés respecto a la investigación que llevó a cabo. Por ejemplo, considerando todas estas patologías, ¿qué orientación debería tener su habitación? ¿Si mi hijo es hiperactivo, qué colores estarían prohibidos? Significa que si tiene hiperactividad no puedo utilizar el color rojo en toda la habitación, ¿o sí podría utilizarlo para algunas zonas, textiles, mobiliario o pequeños detalles?, ¿en cuáles? Todas estas preguntas, las contesta el autor a lo largo de todo el documento.

 

Sin embargo, la pregunta de investigación principal que Fausto Aguirre plantea es ¿hasta qué punto podría aventurarse un diseñador a idear ciertos perfiles cromáticos aplicables a una habitación para niños con síndrome de Down considerando sus propios gustos cromáticos, personalidad, etapa de crecimiento y desarrollo de actividades en el espacio a lo largo del día, sin olvidar sus afecciones? Asimismo, identificar si realmente es posible saber sus gustos sin tener en cuenta las preferencias de los padres o la sociedad.  Para contestar éstas y otras preguntas, el autor desarrolló un excelente programa de trabajo que, en términos metodológicos, también constituye una aportación en varios sentidos.

 

En primer término, el autor se acercó a Villa Integra, organización civil que ofrece programas y atención a la población con discapacidad de Ciudad Juárez y a sus familias, desde el año 2004. En dicho sentido, fue auxiliado por las psicólogas Amelia y Griselda Márquez Jurado, especialistas en psi­coterapia infantil. Pidió apoyo y permisos a varias familias hasta congregar un grupo de trabajo de cinco niños y tres niñas entre 9 y 11 años de edad. Se realizaron varias pruebas; siempre en compañía y bajo la supervisión y apoyo de profesionales en el ámbito clínico. En primer lugar, se llevó a cabo una sesión de preguntas con los padres para conocer exactamente qué tipo de comorbilidad padecían los niños, así como sus gustos y costumbres. Posteriormente, para saber la edad mental y madurez visomotora se aplicó la prueba de Bender.[5] Enseguida, la prueba de colores de Lüscher, una prueba utilizada clínicamente, de 1947, que ayuda a evaluar el estado psicológico de una persona y su habilidad de soportar el estrés y que para ello se basa en la selección de unas tarjetas de colores. Por último, una herramienta diseñada expresamente para identificar las preferencias cromáticas de cada niño. Ésta, compuesta por 30 colores ubicables en cualquier paleta de colores, divididos en tres grupos, cálidos, fríos y neutros, en la cual,  los niños debían elegir 3 tonos de cada gama.

 

Finalmente, de todos los resultados, quisiéramos hacer hincapié en unos aportes inesperados que resultan de vital importancia para varios campos del conocimiento.

Por un lado, el test de Lüscher, como comentábamos, es un test altamente utilizado a nivel internacional y reevaluado en múltiples ocasiones para su uso clínico. No obstante, el autor identificó que su aplicación a los niños con síndrome de Down no es recomendable, ya que al no haber motivación ha­cia la realización del test, los niños elegían las tarjetas de colores ubicadas inmediatamente en su mano derecha. Ello, condujo a Fausto a invalidar los datos para tornarlos orientativos pero no concluyentes.

Sin embargo, la otra herramienta, la diseñada con el fin de que seleccionaran los colores con los que les gustaría pintar sus dormitorios, arrojó datos muy interesantes y concretos de entre los cuales, únicamente hablaré de uno de ellos; concretamente que en un 100% de los casos, los niños eligieron el color azul en primer lugar y el verde en segundo, identificándolos como sus colores favoritos. Destacamos este dato, porque curiosamente, el azul y verde, fueron los colores mayormente seleccionados en un cuestionario que aplicó la famosa investigadora de psicología del color  Eva Heller a un total de 2000 personas en el año 2004. Heller decía: “No hay ningún sentimiento negativo en el que domi­ne el azul. Simplemente no lo hay. Todo azul es mar, es cielo, es tranquilidad.”[6] A lo que añadía sobre el verde: (…) El verde es más que un color; el verde es la quin­taesencia de la naturaleza; es una ideología, un estilo de vida: es conciencia medioambiental, amor a la naturaleza. Si el azul simboliza la paz, el verde lo es de la búsqueda por lo equilibrio.”[7]

 

En nuestra opinión, creemos que el máximo aporte del libro, se condensa en la simplicidad de estos últimos resultados. Tras varios años de pruebas clínicas y del seguimiento de un grupo control, finalmente Aguirre incurre en que más allá de cualquier diferencia cultural, de edad física o mental, existe una especie de supraconciencia que invita a todo humano a buscar la armonía y el bienestar para nosotros y con el mundo. Y el color, no es un elemento que escape a este axioma.

 


Fig. 1. Fausto Aguirre Escárcega

 

Fig. 2. Portada del libro

 

 

Índice de citas

[1] Maestro en Diseño Holístico y Licenciado en Interiores por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) Institución en la actualmente labora como maestro de tiempo completo (PTA).

[2] El protagonista de este libro es el niño trisómico, conocido por todos, como el niño Down, o con síndrome de Down. Un síndrome que no conoce razas, ni condición social o económica. Niños trisómicos ha habido siempre, no es una cuestión de épocas, de hecho, existen teorías acerca de que muchas de las figuras escultóricas olmecas representaban personas Down e incluso, se cree que se les rendía culto como si fuesen deidades (Stratford: 1989). Cunningham describe al síndrome de Down anotando que: “es el resultado de una alteración en la “planificación” que llevan a cabo los cromosomas en el mapeo genético. Concretamente, el cromosoma 21 añade información genética extra que afecta la progresión “normal” de crecimiento y desarrollo del feto.” El síndrome de Down. Una introducción para padres. Edit., Paidós, Buenos Aires, pág. 97.

[3] No todos disponemos de la misma cantidad y/o calidad de filamentos nerviosos sensibles a la luz, es decir, los encargados de recibir los cuantos de luz. Si bien, lo común es tener millones de filamentos fotosensibles, existen grandes diferencias fisionómicas a nivel cuantitativo entre un sujeto y otro, pudiendo oscilar entre 6 a 7 millones en cada ojo. En dicho sentido, podemos hablar de una impresión cromática en términos universales, pero no en una percepción determinista.

[4] Estas afirmaciones las expone a partir de los resultados de la investigación “Importancia de la elección de los juguetes” presentada en 2008 por la Asociación Española de Pediatría (AEP), Comunicaci­ón en “Memoria 1998-2008”, p. 70. Recuperado desde: http://www.aeped.es Fausto Aguirre anota: “En la actualidad, según un estudio realiza­do para la prevención de accidentes en la venta de juguetes por la Asociación Española de Pe­diatría (AEP) —bajo la coordinación del Dr. Jordi Mateu (2008)—, se detectó que el color es fun­damental en la elección de los juguetes para los niños, ya que afecta a la personalidad del infante y la conducta del mismo. En dicha investigación se postula, como bien apuntaban algunos razo­namientos de la psicología del color y la cromo­terapia, que algunos de los colores básicos, en su estado más saturado, estimulan a los niños de diferentes maneras. Mientras los juguetes rojos les incitaban al movimiento y el naranja fomen­taba en ellos la actividad, los coloreados de azul o blanco los antojaban al descanso y la relaja­ción, así como el amarillo a la concentración. Por su parte, la psicología del color ha ana­lizado e identificado los efectos fisiológicos que cada color puede manifestar en la conducta de los infantes. Por ejemplo, el color rojo y naranja son muy utilizados en juguetes y espacios creados para niños, con el fin de estimular­los a la acción. Sin embargo, se sabe que estos colores no pueden ser empleados en lugares donde se encuentren pequeños hiperactivos o agresivos, por lo que se recomienda emplear el color azul o verde, ya que ambos producen paz, relajan al menor y calman su sistema nervioso.” El color en el interiorismo y los niños con Síndrome de Down. Edit. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México, 2013, págs. 46-47.

[5] Esta prueba se utiliza para medir la madurez visomotora de una persona. Se solicita al niño que repita nueve figuras geométricas sobre un papel en blanco lo más fielmente posible teniendo el modelo a su vista. A partir de su capacidad imitativa, la prueba de Bender, explora y evalúa el retardo mental de las personas tomando como parámetros visio-espaciales los principios básicos de la teoría de la Gestalt.

[6] Psicología del color, cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Gustavo Gili, Barcelona, 2004, pág.23.

[7] Ibídem, pág. 105.

 

 

Bibliografía

 

Aguirre Escárcega, Fausto. El color en el interiorismo y los niños con Síndrome de Down, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México, 2013.

Bamz, J. Arte y Ciencia del Color. Física, psicología, usos prácticos y armonizaciones, Leda, Barcelona, 1955.

Cunningham, Cliff. El síndrome de Down. Una introducción para padres, Paidós, Buenos Aires, 1990.

Heller, Eva. Psicología del color, cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Gustavo Gili, Barcelona, 2004.

Küppers, Harald. Fundamentos de la teoría de los colores. Edit. Gustavo Gili, Barcelona, 1992.

Mateu, J. (coord.) y Comité de Seguridad y Prevención de Accidentes. “Importancia de la elección de los juguetes” Comunicación en “Memoria 1998-2008”, p. 70. Edit. Asociación Española de Pediatría, (AEP), España, 2008. Recuperado desde: http://www.aeped.es

Stratford, Brian. Down's Syndrome: Past, Present and Future. Edit. Penguin Books, Michigan, 1989.

 

 

 

 

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Hortensia Mínguez García,

www.horteminguez.com

Profesora investigadora de tiempo completo (PTC-1) en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Ciudad Juárez, (México).

Doctora Cum Laude en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, (España). Especialista en Grabado y Sistemas de Estampación. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI-1) desde el 2008 y, responsable del Grupo de Investigación "Gráfica Contemporánea" desde su fundación en 2007.