Los obstáculos de la autenticidad en la práctica del diseño industrial en México

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Décimo Quinta Edición Octubre 2015
Actualizado: Tuesday, January 5, 2016 - 06:15
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ARTÍCULO

Resumen

El diseño industrial al ser una disciplina implantada en el contexto mexicano, mantiene diferencias claras con la práctica profesional propia de las condiciones originales en las que surge. Sin embargo este último escenario ha fungido como referencia histórica recurrente y como un ejercicio de la disciplina sobrevalorado.

 

Así, desde la perspectiva teórica presentada por Luis Villoro denominada “vía de la autenticidad” se analizará  cómo la falta de reconocimiento de referentes históricos locales de la práctica del diseño industrial, ya sea por la ignorancia de ellos o por desinterés, ha conducido a una práctica profesional que recurre a la imitación de productos procedentes de otras partes del mundo, mismos que tras las fuentes documentales y los medios de comunicación, se muestran con mayor proximidad que los de origen local, además de conducir a una aplicación inadecuada los rasgos culturales propios cuando se pretende generar identidad local en el objeto de diseño.

 

Palabras clave: diseño industrial, autenticidad, identidad.

 

Introducción

A pesar de la gran variedad cultural y la riqueza histórica que se tiene en nuestro país, el proceder de los diseñadores industriales de la región llega a mostrar dos pautas que se muestran como obstáculos para la generación de una identidad intencional apoyada en los rasgos locales; por un lado, se mantiene desde el ámbito académico una exaltación de las expresiones de diseño pioneras y contemporáneas en Europa y Estados Unidos, lo cual lleva a los diseñadores a generar una admiración por tales estilos hasta el punto de copiarlos. Ello reforzado además por la limitada información y divulgación de referentes nacionales y antecedentes del propio diseño, mismos que si bien, no se muestran como “oficiales”, se tienen documentados.

Por otro lado, se cuenta con el trabajo de diseñadores donde se aplican con claridad elementos de la cultura local, aunque en muchos casos, esto se realiza de manera superficial y sin una estructura de análisis establecida, lo cual acarrea el abuso de unos cuantos referentes como el chile, el sombrero, el nopal y los colores nacionales los cuales limitan las posibilidades creativas y evidencian la necesidad de buscar nuevos referentes capaces de propiciar un diseño local auténtico con una identidad definida y flexible a los cambios sociales.

 

Desarrollo

El diseño industrial como una disciplina profesional, al igual que muchas otras, precisa sus orígenes en el contexto europeo del siglo XIX, por lo que la historia “oficial” que los diseñadores en formación estudian, corresponde a tales hechos. Es así que ejemplos procedentes de Alemania, Inglaterra, Italia y los países escandinavos en su mayoría, son difundidos en materias como historia del diseño industrial, volviendo a dichos referentes objetivos aspiracionales y de admiración en los ejercicios académicos y profesionales.

Es de dicha manera como se crea una mitificación del trabajo de diseño llevado a cabo en las regiones antes mencionadas incluido Estados Unidos, volviendo común la práctica de echar un vistazo al trabajo desarrollado en el extranjero mediante revistas, libros o más comúnmente el internet, y haciendo de este procedimiento una parada obligada en el proceso de diseño con fines de “inspiración” aunque en ocasiones llega más allá.

La práctica antes mencionada si bien, presenta justificaciones comprensibles, en nuestros días las excusas se muestran más débiles que antaño. A este respecto, Gui Bonsiepe señaló lo siguiente sobre la copia en el diseño industrial en una publicación de 1978:

“… Debido a su mayor complejidad el desarrollo de estos productos [bienes de capital incluyendo bienes de uso colectivo] requiere programas a mayor plazo y por lo tanto la movilización de mayores recursos. Para acortar los tiempos técnicamente necesarios y reducir el monto de los recursos económicamente requeridos en el desarrollo de los bienes de capital, a primera vista no hay nada más fácil que copiar productos extranjeros. Pero resulta que la posibilidad de copiar es una posibilidad ficticia.

Se basa en dos suposiciones falsas:

Primero, confunde factibilidad económica con factibilidad tecnológica (por ejemplo, técnicamente se pueden lograr determinadas tolerancias en las piezas de una máquina, pero a costos  prohibitivos; segundo, glorifica acríticamente los diseño extranjeros como si ellos representaran el non plus ultra tecnológico y correspondieran desde antes a la necesidad del país.” [1]

Lo anterior que representa un punto de vista de un teórico del diseño industrial, mantiene un fuerte paralelismo con la postura que manifiesta Luis Villoro desde la sociología y la antropología que de igual manera reconocen una profunda influencia histórica en el fenómeno colonizador que implica un sentido de dominación que mantiene en la actualidad fuerza determinante en las esferas económicas y tecnológica:

“Pero las formas importadas de los países dominantes pueden dar lugar a una cultura imitativa, no por su origen externo, sino por no estar adaptadas a las necesidades de una colectividad ni expresar sus deseos y proyectos reales, sino sólo los de un pequeño grupo hegemónico. Tan inauténtica es una cultura que reivindica un pasado propio, como la que repite formas culturales ajenas, si el regreso al pasado no da una respuesta a las verdaderas necesidades y deseos colectivos, en la situación que en ese momento vive un pueblo” [2] (Villoro, 1998: 63).

Cabe señalar que el autor encuentra inauténtica la imitación de expresiones ajenas, pero también las expresiones propias que se hallan en el pasado. Lo último tiene gran recurrencia por parte de diseñadores que toman elementos milenarios y que al tratar darlos a conocer aplicados en productos actuales, no logran el impacto cultural esperado, pues como lo establece Villoro, no mantiene un factor imprescindible que es la continuidad histórica. Esto es, que los elementos se retoman de un contexto que se ha mantenido aislado por lo que no son identificables por los espectadores actuales, entonces, su origen de alguna manera es ajeno al contexto actual, aunque sea una progresión cultural de donde se retomaron.

Por otro lado, la sobrevaloración de aquello que se realiza fuera del país es una manifestación de un proceso denominado “identidad negativa” que afecta a la actividad del diseño desarrollado en países que sufren dependencia tecnológica y que históricamente ha representado un obstáculo difícil de sortear:

“A la identidad negativa se le conoce como estereotipo o estigma. Implica la negación y des valorización de la región y de sus miembros. La mayoría de las veces, el estereotipo o el estigma está construido por actores exteriores a la región, y a menudo es inherente a una relación de dominación. Muy frecuentemente, el objetivo de las luchas regionales es abolir el estigma.” [3]

Conociendo lo que representa la identidad negativa, es posible observar que ésta proviene de la relación con otro (individuo o grupo) con el cual se mantiene una relación de dominante-dominado en tanto que, la búsqueda de la identidad se propicia en términos de dignificación o de buscar el reposicionamiento cuando se presenta conciencia sobre la existencia de todos aquellos elementos que permiten verse junto al dominador ya no como alguien inferior, sino como un igual que puede definirse desde sí mismo, y ya no desde una visión negativa. En este sentido Villoro plantea: “La búsqueda de una identidad colectiva aspira a la construcción imaginaria de una figura dibujada por nosotros mismos, que podamos oponer a la mirada del otro” Villoro (1998: 56).

El gran problema en el caso de la “identidad negativa” se centra en que ha mantenido una tradición histórica que enfrenta una difícil reivindicación por parte de la colectividad sojuzgada y que sólo mediante estrategias puede paulatinamente llegar a reconfigurar su propio concepto. En este sentido, referentes como el charro o el indio debajo de un cactus son ideas que indignantes por su contraposición con la realidad actual pero que indudablemente ya han sido apropiadas por muchas generaciones y, aunque satisfagan al espectador promedio, el diseñador se muestra inconforme.

Además, dicha “identidad negativa” reforzada por la escasa dinámica de la identidad nacional, genera que los diseñadores deban voltear a buscar alternativas en el dinamismo de otras naciones que han brillado por su tradición en el ámbito del diseño como lo es el diseño generado en Europa o Estados Unidos, conduciendo a la sobrevaloración de estas expresiones del diseño, a la inspiración en ellas y hasta a su copia, contribuyendo al círculo vicioso del desinterés por superar la crisis de identidad. Es dicho dinamismo una cualidad de suma importancia que debe ser parte de cualquier identidad en la búsqueda de su construcción y trascendencia, que en el caso de los productos de diseño.

Es así como Villoro reconoce rasgos comunes en las diversas situaciones en que se plantea la búsqueda de la propia identidad centrada en la superación de la identidad negativa y en la reinterpretación del acervo cultural propio, lo cual resume de la siguiente manera:

“1) En todos los casos, se trata de oponer a la imagen desvalorizante con que nos vemos al asumir el punto de vista de otro, una imagen compensatoria que nos revalorice. En los países dependientes o marginados, reacción frente a la mirada atribuida al dominador; en las naciones sin pérdida de su antiguo rol mundial, contra la imagen de inferioridad con que temen ser vistas por cualquier otro país desde la escena internacional…

2) En todos los casos, esa representación de sí mismo permite reemplazar la disgregación de imágenes con que puede verse un pueblo, por una figura unitaria, ya sea al rechazar las otras imágenes por “ajenas” o al integrarlas en una sola.

3) La representación de sí mismo intenta hacer consistente el pasado con un ideal colectivo proyectado. La identidad encontrada cumple una doble función: evitar la ruptura en la historia, establecer una continuidad con la obra de los ancestros, asumir el pasado al proyectarlo a un nuevo futuro…” [4]

 

De acuerdo con Luis Villoro, resulta concebible la búsqueda de una identidad con la amplia posibilidad de encontrarla satisfactoriamente, lo cual se lleva a cabo a través de la proyección del pasado con un ideal colectivo hacia el futuro. Así se establece un lazo entre el pasado, mismo que debe ser asumido evitando la sobrevaloración y la visión de lo que se quiere llegar a ser.

Por su parte, la “vía de la singularidad” presenta:

“Por distintos que sean estos caminos diferentes de la vía de la singularidad, todos responden a una manera análoga de emprender la búsqueda de la identidad. Podemos resumirla en los siguientes rasgos:

1) La identidad se alcanzaría por abstracción, esto es, por exclusión de las notas comunes y detección de las singulares…

Entre la singularidad de una cultura y su universalidad es difícil la mediación. La dificultad de conciliar las características peculiares de una cultura con su alcance universal es insoluble, mientras se conciba la identidad cultural como singularidad exclusiva.

2) Si la identidad de un pueblo puede alcanzarse al detectar sus notas peculiares, ese conjunto de notas tenderá a verse como un haber colectivo, transmitido por la educación y la tradición cultural…

3) Las características en que puede reconocerse la identidad de un pueblo permanecerían a través de los cambios. Su presencia se hace patente en el pasado, son parte de una herencia que si bien podemos acrecentar, no podemos derrochar sin negarnos a nosotros mismos. La identidad nos mantiene bajo la voz del pasado… [5]

 

Si se considera a los diseñadores industriales mexicanos como un grupo social, es posible la aplicación de los criterios de búsqueda de identidad que expone Villoro dado que además como grupo profesional se mantiene pertenencia a una región y ello integra una especificación cultural de donde es posible una extracción intencional de elementos que conlleven a generar aportaciones a través de los productos de diseño que conscientemente se dirijan a la búsqueda de la singularización.

Entretanto, la vía de la autenticidad es una ruta que tras las condiciones de dependencia que se tiene en el país, muestra un grupo de obstáculos controlables y no controlables por parte del diseñador, sin embargo, solamente serás superados a través del trabajo colectivo, pues los obstáculos también tienen se ha conformado y cristalizado históricamente desde las esferas colectivas que van más allá de la actividad del diseño industrial. Así se tiene a la vía de la autenticidad:

“Vía de la autenticidad.

En el lenguaje ordinario, solemos calificar de “auténtica” a una persona si: 1) las intenciones que profesa y, por ende, sus valoraciones son consistentes con sus inclinaciones y deseos reales, y 2) sus comportamientos (incluidas sus expresiones verbales) responden a sus intenciones, creencias, valoraciones y anhelos que comparten los miembros de esa cultura” [6]

Lo auténtico, en tanto, mantiene oposición con lo imitativo, pues esto último se funda en la acción de retomar rasgos y cualidades que son operantes en las condiciones contextuales ajenas. Cabe señalar que la imitación puede presentarse por inducción es decir, un grupo dominante impone al dominado, patrones y regulaciones propias de su contexto que difícilmente pueden operar totalmente sobre un grupo que presentaba una estructura propia a la cual de un momento a otro debe mostrarse rechazo.

Entonces, la autenticidad según el autor parte de un acto voluntario de asumir la situación a la que se pertenece, al tiempo que se asume un proyecto colectivo que se trata sobre una base de elementos que mantiene una continuidad histórica de apropiación igualmente colectiva.

A este respecto, Ricardo Blanco señala:

Pero esa identidad no se obtiene si no se construye –y en el diseño se logra diseñando– ya que la constante reiteración de rasgos permite diferenciar y segregar, y por lo tanto identificar, luego esa identificación será leída como identidad. Es decir, ésta no existe de por sí, sino se obtiene con base en la voluntaria decisión de pertenencia basada en el concepto de identidad como «voluntad de ser».” [7]

Los “rasgos” a los que se refiere Blanco, conforman depósitos culturales activos que provienen de la colectividad y que la constituyen como un grupo identificable, mismos que si bien no se encuentran perfectamente catalogados, se identifican y que para la conformación de un proceso de identidad deben retomarse de manera consciente y premeditada, lo cual conduciría además a objetos auténticos de acuerdo con la postura de Villoro.

Bajo este enfoque de la autenticidad, la identidad pasa a ser una representación imaginaria y utópica de la solución que cuadraría con el contexto específico, y la búsqueda debe emprenderse mediante la mediación de valores coherentes con la realidad contextual específica considerando que las necesidades colectivas no se presentan como estáticas: “La identidad nace de un proceso dinámico de singularización frente al otro y de identificación con él”. (Tap en Villoro, 1998: 64)

Cabe señalar que Villoro dentro de la pauta para la búsqueda intencionada de la identidad, definida como “vía de la singularidad” indica que la identidad se obtiene tras un proceso de “abstracción”  lo cual fue identificado por los diseñadores industriales como “procesamiento” mismo que dada su insipiencia, obstaculiza la reapropiación de elementos culturales propios. Ello se observa en productos que han logrado un éxito tras una síntesis bien lograda de formas, colores y símbolos, logrando productos muy bien aceptados por su originalidad aunque puede que el proceso de reasimilación se lleve a cabo sólo de modo superficial. A este respecto uno de los testimonios fue que los diseñadores industriales actualmente “Agarran una artesanía y están haciendo nuevos productos con esa artesanía sin realmente analizar el material antes de empezar a trabajar” (Pompa, 2014)

 

Metodología para la investigación de campo

Selección del universo y muestra

El presenta artículo es parte de una investigación mantiene como objeto de estudio a los diseñadores industriales que específicamente se encuentran a la fecha, en activo dentro de los estados de México, Querétaro y Distrito Federal, región que es considerada como “centro de México” dado que la cercanía y ubicación puede representar una identidad específica y en muchos sentidos compartida.

Se ha considerado dicha región dadas las siguientes razones:

·               La institución educativa en que realiza el proyecto de investigación se encuentra en el Estado de México.

·               Las dos entidades consideradas más el Distrito Federal, poseen en universidad pública la Licenciatura en diseño industrial.

·               Las dos entidades consideradas más el Distrito Federal presentan colindancia con el estado de México.

·               Las dos entidades consideradas más el Distrito Federal cubren los tres rubros de la siguiente tabla para la cual se incluyeron las entidades colindantes que geográficamente se consideraron preliminarmente como zona central del país, aunque vale la pena señalar que el rubro de Despachos de diseño industrial puede mostrar ciertas imprecisiones ya que la información se tomó del directorio empresaria AKI.com.mx, y en algunos casos al establecer comunicación con las empresas no siempre ejercían el giro que se señala en la página o en algunos casos los datos no correspondieron dado a una falta de actualización de la página.

 

Una vez delimitado el espacio geográfico donde opera el proyecto de investigación, se pudo definir de forma concreta a los informantes, los cuales tendrán que cubrir las siguientes condiciones:

1. Ser mexicanos(as).

2. Ser diseñadores(as) industriales con acreditación mínima de pasantes.

3. Trabajar en un despacho o empresa de origen mexicano ya sea un negocio propio o en condición de empleado.

4. Situarse en la zona centro de México antes definida.

 

Es por lo anterior que no se cuenta con un universo establecido ya que existe el caso de despachos a los que no se puede contactar con facilidad y a los que se ha podido llegar solo por recomendación personal o hasta por casualidad y que potencialmente pueden aportar información de calidad al proyecto. Es así como la serie de informantes se pudo concretar mediante el contacto personal en eventos profesionales como lo fue el Abierto Mexicano de Diseño en su edición del 2013 y 2014 donde se pudo tener acercamiento con más de 30 despachos de diseño industrial, profesionales independientes o colectivos profesionales, mismos que si bien confluyeron en el mismo espacio, mantienen características muy diferentes por lo que se empleó un tipo de muestreo no estadístico.

 

Confrontación (datos teóricos / evidencias)

A través de las entrevistas se recabaron datos de los que a continuación se presentan los relacionados con el proceder profesional que los propios diseñadores industriales detectaron como obstáculos para generar una identidad específica para la disciplina y para la práctica auténtica de la profesión.

Así, se recabaron dos testimonios que coincidieron en el hecho de que el problema para llegar a la concesión de una identidad en el diseño realizado en México es la sobrevaloración del trabajo que en materia de diseño llevan a cabo profesionales de otras partes del mundo (Europa y Estados Unidos), con lo que se propicia llegar recurrir a la copia de otro estilos, ello visto como un impedimento de gran peso para la construcción de identidad de manera intencionada, que si bien, se ha detectado como un problema, no ha inspirado medidas para contrarrestarlo.

 

En este sentido los diseñadores señalaron:

“… lo que pasa en México es que no tenemos muy clara nuestra identidad y desgraciadamente siempre estamos buscando qué hacen sobre todo con nuestros vecinos gringos, ¿Por qué? Porque consideramos que lo de ellos es mejor que lo de nosotros, no nos valoramos lo suficiente, no sabemos valorar la riqueza que tenemos y siempre pensamos que lo de los demás es mejor.”

“… nuestra falta de identidad es por falta de conocimiento, no somos conscientes de todo lo que traemos atrás; tampoco nos lo enseñaron, tampoco nos lo inculcaron y sería ideal y nos serviría para todo no solo para el diseño” [8] (Uribe, 2014)

Por otro lado, los diseñadores percibieron la noción de identidad como identidad mexicana, y apareció en concepto del “cliché” que se entiende como esa recurrencia bastante mecánica a referentes fuertes de la cultura mexicana que, pese a su fuerte arraigo, también son un reflejo parcial y arbitrario de la riqueza cultural que mantiene el país en sus distintas regiones.

Esta categoría de “cliché” representa una identidad obsoleta pero a la que se sigue recurriendo por la falta de reinterpretación de los elementos considerados, aunado a la carencia de una nueva búsqueda de significaciones y de otros “ingredientes”, lo cual implica un trabajo que no se ha querido llevar a cabo por la falta de un punto de partida y que si bien, se observa en diversos proyectos, se dio con ello de manera fortuita y hasta intuitiva pero lejos de la intencionalidad necesaria para que se integre con solidez parte del proceso de diseño.

Figura 1 The Prickly Pair Chairs de Valentina González Wohlers

 

En este sentido, aparece la limitante en la contribución hacia la identidad, la complicación al abordar el tema de la identidad llevado a los objetos, es la situación del insuficiente conocimiento que se tiene sobre la historia y la cultura de México a través de sus múltiples regiones, desde una plataforma académica y desde el interés personal.

Es así que dicho panorama percibido por los diseñadores industriales recae directamente en el afianzamiento de la “identidad negativa”, por si fuera poco, se articula con la mala calidad que percibe el diseñador de los productos diseñados y manufacturados en México, aunado a que la situación de la identidad no es percibida como un elemento prioritario para su atención, es vista como un componente hasta suntuoso o superficial y aplicable a elementos sectores limitados del diseño. Todo ello, constituye serios obstáculos para el proceso paulatino del desarrollo de la identidad en la profesión del diseño industrial, que cuenta con sólidos pasos iniciales y que en algunos casos se ha tratado de analizar colectivamente mediante publicaciones, conferencias y reuniones, donde se hace patente la demanda. 

Cabe señalar que Villoro dentro de la pauta para la búsqueda intencionada de la identidad, definida como “vía de la singularidad” indica que la identidad se obtiene tras un proceso de “abstracción” esto es, lo cual fue identificado como “procesamiento” por parte de los diseñadores como una insipiencia que obstaculiza la reapropiación de elementos culturales propios. Ello se observa en productos que han logrado un éxito tras una síntesis bien lograda de formas, colores y símbolos, logrando productos muy bien aceptados por su originalidad aunque puede que el proceso de re-asimilación se lleve a cabo sólo de modo superficial. A este respecto uno de los testimonios fue que los diseñadores industriales actualmente “Agarran una artesanía y están haciendo nuevos productos con esa artesanía sin realmente analizar el material antes de empezar a trabajar” (Pompa, 2014)

Lo anterior se encamina también al apunte que realiza Villoro cuando establece como inauténtico al trabajo de intentar reivindicar el pasado propio, pues un elemento retomado del pasado que no ejerce conexión con el presente y menos aún con una visión colectiva del futuro, no tiene posibilidades de perdurar. En este sentido se tiene que:

“Pues está ahorita creciendo increíblemente, porque los diseñadores jóvenes están haciendo todo eso, si tú vas a las exposiciones todo mundo está trabajando artesanías, todo mundo está exhibiendo cosas artesanales, y hasta casi ya se está otra vez minuendo esa tendencia un poquito, los diseñadores ya se están un poquito aburriendo de eso de las artesanías; entonces el peligro es que se pierde la tendencia, sin que realmente algún punto ha sido trabajado bien…” [9] (Pompa, 2014)

De acuerdo con Luis Villoro, resulta factible la búsqueda de una identidad con la amplia posibilidad de encontrarla satisfactoriamente, lo cual se lleva a cabo a través de la proyección del pasado con un ideal colectivo hacia el futuro. Así se establece un lazo entre el pasado, mismo que debe ser asumido evitando la sobrevaloración y la visión de lo que se quiere llegar a ser. En un testimonio se enfatizó la necesidad de la visión hacia el futuro con mayor atención que la que se comúnmente se tiene hacia el pasado que ha absorbido fuertemente a la identidad.

Toda esta fase reflexiva que permitiría conocer puntualmente los elementos con potencialidad de reconocimiento, presta la dificultad de no puntualizar un esquema ni un origen sistemático, dada la diversidad de rasgos que tendían participación en tal instancia, en tanto que, si bien ya se tienen algunos elementos identificados como abstracciones legitimadas de singularidad colectiva del objeto que refleje su origen mexicano, éstas son pocas y arbitrarias capaces de eclipsar las muchas posibilidades que quedan por descubrirse.

Dicho proceso de abstracción, explica Villoro, consiste en excluir las notas comunes y detectar aquellas singulares que sean validadas en el entorno colectivo. Este proceso debe ser la fase siguiente de la un estudio reflexivo de aquellas notas o rasgos que colectivamente contenemos, como cultura y que actualmente diseñadores gráficos en su mayoría, han abocado a elementos contemporáneos y referidos al ambiente urbano de México que aglutina la tradición de la provincia y el glamour cosmopolita. 

Por otro lado, la “vía de la autenticidad” presentada por el mismo Villoro, complementa el camino a seguir hacia la búsqueda de  una identidad intencional, con fines específicos,  augurando perdurabilidad en el tiempo. Así, la autenticidad,  se comprende como la cualidad de correspondencia entre las manifestaciones de los miembros de una colectividad con sus rasgos culturales como lo son todos aquellos saberes compartidos que pese a la individualidad de los miembros son asumidos sin reservas, entre los que se encontraría un “pasado incangeable” y un futuro visto como ideal colectivo.

Figura Jarrón “Agua de tierra” de Paulina Stephens

 

En este orden de ideas, para Villoro, la inautenticidad se manifiesta al tratar de reivindicar un pasado propio y mediante la copia de expresiones culturales ajenas a la colectividad, pues, evidentemente mediante tales procederes no se responde con correspondencia al contexto. Entonces, la copia de expresiones de diseño procedentes de otros países al no provenir de un entorno propio y sus intereses, se vuelve una actividad inauténtica que no respalda la búsqueda de la identidad.

Si bien, es un hecho que los diseñadores cuando quieren reflejar el origen mexicano de los productos que desarrollan recurren a elementos de la artesanía como materiales (barro, cerámica, madera, fibras naturales), y técnicas (tejidos, tallados, modelado, forja), no necesariamente con ello se fortalece a una identidad regional, pues aunque los elementos sean parte de un repertorio cultural tradicional o sean rescatados del pasado para ser mostrados en la actualidad, la ruptura temporal y la falta de reconfiguración en función de la actualidad social vuelve fugaces a los productos y a su apropiación dado que el vínculo objeto-sujeto no tiene la fortaleza suficiente que le proporciona la carga histórica  y el arraigo colectivo que explica la prevalencia a través del tiempo, mismo que no necesariamente deberá remontarse a siglos o milenios.

 

Conclusiones

Actualmente en la zona definida como centro de México que comprende entre los Estados de México, Querétaro y Distrito Federal se encuentran empresas y despachos que integran en sus actividades a profesionales de diseño industrial, las cuales en algunos casos han logrado éxito retomando un estilo de identidad local aplicada a sus productos. Sin embargo, la falta de una estructura validada por los diseñadores, provoca la generación de productos que no cuentan que desde el punto de vista de las ciencias sociales se muestra como inauténticos.

Si bien, histórica y culturalmente se tiene fuertes estigmas que obstaculizan la generación de una identidad capaz de reflejar de manera real al contexto actual, el diseño industrial como monitor de las dinámicas sociales ha reproducido tal estancamiento que en la actualidad no tiene satisfechos a los diseñadores industriales quienes identifican perfectamente factores como la copia del diseño extranjero y el regreso trabajo superficial con rasgos culturales tradicionales, situaciones que aletargan el proceso hacia la construcción de una identidad distinguible y flexible ante la inercia colectiva.

Es así que se ha podido capturar la demanda de los diseñadores de buscar con toda intención un nuevo cúmulo de referentes, capaces de ser reinterpretados a través de los productos de diseño y mismos que  además permitan de generar una cohesión gremial que parta de una visión compartida del futuro deseable que si bien, no debe dejar de lado el pasado irrenunciable, pueda mantener equilibrio y permita reconocer y valorar en justa medida las particularidades de su contexto y equiparar propuestas correspondientes a las necesidades propias.

 

Bibliografía

·               Blanco, R. (2007). Notas sobre diseño industrial. Buenos Aires: Nobuco.

·               Bonsiepe, G. “Diseño industrial: Tecnología y dependencia”, México, Edicol, 1978

·               Giménez, G. “Teoría y análisis de la cultura Vol. 2”, México, CONACULTA-ICOCULT, 2005.

·               Pompa, D.(J. Romero, Entrevistador), 2014.

·               Uribe, C. (J. Romero, Entrevistador), 2014.

·               Villoro, L. “Sobre la identidad de los pueblos”. En L. Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas (págs. 63-78). México: Paidos, UNAM, 1998.

 

Índice de citas

[1] Diseño industrial: Tecnología y dependencia. Bonsiepe, Edicol 1978, pág. 118.

[2] Sobre la identidad de los pueblos En L. Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas (págs. 63-78), Paidos-UNAM, 1998, pág. 63.

[3] Goffman en Teoría y análisis de la cultura Vol. 2 Giménez, CONACULTA-ICOCULT 2005, pág. 75.

[4] Sobre la identidad de los pueblos En L. Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas (págs. 63-78), Paidos-UNAM, 1998, pág. 58).

[5] Sobre la identidad de los pueblos En L. Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas (págs. 63-78), Paidos-UNAM, 1998, págs. 62-63.

[6] Sobre la identidad de los pueblos En L. Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas (págs. 63-78), Paidos-UNAM, 1998, págs. 63.

[7] Notas sobre diseño industrial. Blanco, Nobuco, 2007, pág. 22.

[8] Entrevista a C. Uribe (J. Romero, Entrevistador), 2014

[9] Entrevista a D. Pompa (J. Romero, Entrevistador), 2014